La pobreza

 En el s. XVIII , la pobreza era un hecho generalizado que no solamente afectaba a las familias en particular sino también a los propios municipios que se encontraban endeudados por los gastos ocasionados por la guerra y los impuestos reales.

Los municipios, para poder pagar todo esto y cubrir además las necesidades de sus habitantes, crearon nuevos impuestos que representaban para la población un esfuerzo terrible que se sumaba a su precariedad..

La supervivencia de la población era una lucha continuada. La única fuente de ingresos para la subsistencia era el trabajo, pero tener trabajo no era la garantía de poder contar con los recursos suficientes para mantener a toda la familia. Los sueldos de los trabajadores eran bajos porque las ofertas de trabajo no abundaban y el poco trabajo que había tenía muchos pretendientes, así que cualquiera estaba dispuesto a trabajar al precio que fuera.

Para hacernos una idea:

1 libra eran 20 sueldos  y  1 sueldo eran 12 dineros

Un albañil podía ganar 12 sueldos diarios, un peón albañil 6 sueldos diarios, una recogedora de castañas 2 sueldos diarios.

Una libra de cordero costaba entre 6 y 8 sueldos, una libra de buey valía 3 sueldos, una docena de huevos costaba 3 sueldos, un quilo de pan negro valía 2,5 sueldos.

Una familia formada por un matrimonio y dos niños gastaba para su alimentación 1,5 kg de pan al día (=3,75 sueldos/día).

Las mujeres también colaboraban y bien mirado, doblemente, para obtener ingresos que ayudaran a aligerar la presión económica familiar: criadas, nodrizas, trabajos puntuales de campo, … Después, además tenían las labores propias del hogar: amas de casa y el cuidado de los hijos.

Una mala cosecha suponía para un payés caer en la miseria. Una enfermedad que impidiera a una persona trabajar durante unos días suponía también caer en la pobreza. La gente vivía el día a día como podía y era imposible ahorrar por si llegaba un momento de crisis o enfermedad.

La natalidad era muy elevada pero la mortalidad infantil también era muy alta, sin contar la cantidad de mujeres que morían en el parto. La vida era muy frágil y la muerte rondaba a todos por igual, pequeños y adultos.

Los nacimientos empobrecían la economía familiar, pues las madres tenían que dejar de trabajar o contratar a una nodriza, algo impensable. Los abuelos incapacitados para trabajar suponían también un problema añadido. La gente en estas condiciones no levantaba cabeza.

Ante esta situación desesperante la sociedad y la iglesia organizaron sistemas para atender a los pobres, sistemas que podían acogerse bajo el nombre de “caridad”. Así encontramos las limosnas, las cofradías, los hospitales, las dotes para doncellas sin recursos, ayudas a los huérfanos del hospicio, etc.

Por su parte, la iglesia instaba a la población a hacer caridad, como medida de salvación personal y ayuda social. Decía que la caridad era el camino entre Dios y el hombre. Con esta convicción mucha gente practicaba la caridad, más como temor a Dios que movidos por un sentimiento de caridad y bondad..

Fuente consultada: Pobresa i marginació a la Catalunya il.lustrada: dides, expòsits i hospicians de Miquel BORRELL i SABATER

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